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Y el genio se fue

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Steve Jobs en uno de sus inventos

Artículo original publicado en Vuelta de Hoja

Hablar de Steve Jobs nunca es fácil, mucho menos el día después de su muerte. Y es que una figura tan peculiar como la de este empresario requiere utilizar las palabras más selectas y, ni así, se podrá hacer justicia a lo que fue.

Jobs fue una de esas personas que vivió el sueño americano. Abandonó la universidad para empezar un negocio en un garaje junto con su amigo Steve Wozniak y juntos desarrollaron el que sería el primer ordenador de Apple. Dicen que los comienzos nunca son fáciles, pero vendieron doscientas unidades de este ordenador, cifra elevada si tenemos en cuenta que por aquella época, el ordenador se concebía como una herramienta de trabajo para las grandes corporaciones empresariales.

Pero Jobs siempre pensó que eso debía cambiar. Defendía que era la máquina quien tenía que trabajar para la persona y no al revés, como se promulgaba en aquellos años. Esto quedó patente en el primero de sus anuncios de televisión, donde muestra una especie de rebelión ante lo establecido y masivamente aceptado. Con el Macintosh comenzaba una nueva era en la informática, llegaba la etapa del ordenador doméstico. Ya no hacía falta ser ingeniero para utilizar un ordenador, pues se preocuparon de que la utilización fuera intuitiva. Aún hoy siguen esa premisa.

Que Jobs era un visionario es por todos conocido. Tenía la capacidad, no de satisfacer necesidades, sino de crearlas. Defendía que la gente no necesita algo hasta que no lo ve, y el trabajó con ahínco para mostrarle a todo el mundo sus necesidades. Y, según parece, contradecir las más respetadas reglas del marketing no ha hecho sino incrementar el liderazgo de su empresa. De hecho, solo un perfil como el de Jobs podría ser capaz de reflotar a la empresa que varios años atrás le despidió. Puede parecer duro que fuese despedido de la compañía que él mismo fundó, pero eso no le hizo perder el ánimo. Durante el tiempo que estuvo fuera de Apple, compró a George Lucas una de sus empresas, a partir de la cual creó Pixar. No hace falta hablar del éxito cosechado por dicha compañía.

Cuando a principios de la década lanzaron la serie de ordenadores Mac, aquella tan colorida, Jobs quiso marcar un punto de inflexión en cuanto a diseño y en cuanto a uso. Un halo de secretismo marcó todo el proceso de desarrollo y su presentación fue una revolución en el mundo de la informática. Aunque eran más caros que sus competidores, Jobs supo distinguir a sus ordenadores por diseño y calidad y mediante esa estrategia atrajo a varios millones de seguidores, devotos más que clientes.

Sería poco tiempo después con el iPod y, posteriormente con sus últimos inventos como iPhone o iPad cuando se ganase el favor del público en general. El mundo aprendió a apreciarle como el inventor y el visionario que era. Hoy, nos damos cuenta que industrias tales como la informática, la musical, la editorial o incluso la de los medios de comunicación son diferentes gracias a sus inventos. Y es un mérito digno de ser reconocido.

El mundo le echará de menos. Sus seguidores también lo haremos. Ya no le volveremos a ver en sus keynotes, esa escena tan característica que significaba que algo nuevo iba a lanzar. Por muy buena que sea la persona que se ponga el frente de Apple, Jobs es insustituible y será difícil rellenar el hueco dejado por este. No tardaremos mucho en ver el destino de Apple sin su creador, sin su inventor, sin su genio.

Imagen | Julia Buchner

 

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Escrito por Jorge Sánchez

8 de octubre del 2011 a las 14:23

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