El título de este artículo quizá resulte algo incompleto tal cual está escrito; escribir nunca fue fácil, pero también es cierto que nunca fue tan motivante como lo es a día de hoy.
Aun recuerdo las palabras de una profesora que tuve hace muchos años (muchos, por suerte) que me invitó a desistir en mi idea de escribir, pues publicar era una tarea prácticamente imposible, y mis textos solo encontrarían un lugar adecuado dentro de un cajón. Vale, quizás no fue tan explícita, pero la idea básica es la que me transmitió. Por suerte, nunca le hice caso. Tan pronto como conocí el fenómeno de los blogs me lancé a escribir para un público que era imposible cuantificar. Bien es cierto que quizás no se trataba de un libro, pero era un medio para transmitir mis ideas que, a decir verdad, es lo que importa.
El mundo digital nos permite publicar nuestros textos en el formato que nosotros queramos, sin tener que depender de editoriales, tal y como pasaba hace no muchos años. Podemos publicar nuestro libro en papel a un coste más que asequible, o difundirlo a través de un formato electrónico, el cual garantizará el fácil y universal acceso a nuestra obra.
Pero, pese a todas estas ventajas, escribir nunca fue una tarea sencilla. Incluso para redactar este breve artículo, con una idea clara ya en mente, he tardado en lanzarme a teclear. ¿Por qué ese miedo a reflejar lo que pensamos? ¿No debería pesar más la espontaneidad? ¿Revisar cientos de veces nuestros textos no los sobrecarga en exceso? El folio en blanco, que a nuestros días ha llegado en forma de pantalla, sigue siendo algo que atormenta no solo a escritores de largas novelas, sino también a pequeños aficionados, entre los que me encuentro, que hayan su modesta satisfacción transmitiendo sus tímidas ideas a la colectividad.
Por ello, debemos sacar fuerzas de donde sea para escribir. Tenemos a nuestro alcance herramientas que hace años ni pensábamos, que no solo facilitan la labor de escribir, sino también la de publicar y difundir nuestras obras. Hoy día, abrir un blog no requiere más de unos clics y, en cuestión de minutos, nos permite estar ahí. Así, la única finalidad de este artículo es que os lancéis a teclear. No es difícil y solo requiere algo de práctica, que se va adquiriendo con el paso del tiempo. No os imagináis lo satisfactorio que puede llegar a ser.
Imagen: eelke dekker




